No quiero que tu compañía se convierta en rutina.
¿Qué es exactamente lo que temo perder?
Temo perder la urgencia de verte. Temo perder la capacidad de sorprenderme, una vez más, al pensar que un amor puro me espera en casa. Temo que un día abra la puerta y detrás esté la misma alegría de siempre, pero que yo ya no sea capaz de recibirla con la misma capacidad de asombro. Temo perder la gratitud de tenerte todos los días. Temo que un día deje de buscar tu olor y de querer sentir tu calor bien cerquita. Temo perder la necesidad de querer parar el tiempo para disfrutarte un poco más.
Vos y tus orejitas mariposa. Paradas, anticipando lo que está por venir. Echadas, como signo de amor, de espera y de mimos.
No quiero dejar que esto se me vuelva usual. No quiero dejar de festejar tu existencia. No quiero olvidarme de observar lo extraordinario en lo ordinario.
Porque lo extraordinario no deja de ser extraordinario. Somos nosotros quienes dejamos de verlo. Y ese es un riesgo que corro yo, humana. No vos.
Se suele decir que la rutina mata. Pero, ¿realmente es la rutina? ¿O somos nosotros quienes dejamos de mirar con la misma atención aquello que tenemos todos los días, mientras soñamos con lo que tienen otros?
Quizás la gratitud no sea agradecer lo que tenemos. Quizás sea impedir que aquello que amamos se vuelva invisible.
Porque un amor puro como este no merece convertirse en paisaje.
agosto 2026 - Sabina Banegas