Vivimos en una cultura que exige una respuesta a la pregunta: ¿quién querés ser? Y siento esa presión externa de saberlo.
Sin embargo, no lo sé. Tampoco sé si me interesa saberlo.
Y esa incertidumbre se siente como una falla, como una falta de autoconocimiento, de aspiración y de rumbo.
Si fuese realmente honesta, no hablaría de quién quiero ser, sino de quién soy hoy.
No rechazo el futuro. Solo no quiero obligarme a inventar una respuesta sobre él. No quiero definirme de antemano.
¿Por qué quien soy hoy tendría que ser apenas una versión provisoria de quien quiero ser en el futuro?
Trabajo mucho para reconocer qué me llena. Hoy habito muchos de los lugares a los que alguna vez quise llegar.
Y descubro, día a día, mientras vivo, camino y experimento, quién soy y quién quiero ser.
Quizás no necesite una respuesta definitiva. Quizás quién quiero ser no sea un destino que deba elegir, sino algo que se revela a medida que vivo.
No somos una “cosa” terminada. La identidad no es una respuesta que debamos encontrar. Es más parecido a una actividad que realizamos diariamente.
Es mas parecido a un verbo, buscar, encontrar, probar, acertar, frenar, errar.
agosto 2026 - Sabina Banegas