La culpa. Incesante. Insistente. Vibrante. Latente. No descansa. No da tregua. No duerme. Presente en las ausencias. Presente en la abundancia. Devora silenciosamente hasta quitarlo por completo. O hasta llenarlo.
La culpa. Contradicción. Incompatibilidad. Confusión. Vacía. Ocupa. Consume. Es inseguridad. Es desconfianza. Es juicio.
Aquella sentencia termina auditándome y me pregunto: ¿Tengo derecho a sentir lo que siento? ¿Será para tanto? ¿Estoy siendo injusta? ¿Estoy siendo egoísta?
¿Cuándo se está lo suficientemente mal como para quejarme?
Pero, más aún, ¿cómo algo puede dolerme sin estar lo suficientemente roto? ¿Hay que esperar a que se rompa?
Tengo miedo de que se rompa. No quiero que se rompa.
Entiendo que, si se rompiera, desaparecería la incertidumbre. Habría pruebas. Confirmaría. Tendría derecho. Ya no necesitaría justificarlo.
Sin embargo, no concibo esa idea. No quiero irme. Quiero que cambie. ¿Yo debo cambiar? ¿Por qué lo único que siento legítimo es modificar mi propia manera de soportarlo? Siempre yo, siempre responsable, siempre teniendo que ocuparme. Siempre culpa.
¿Cómo frenarlo? ¿Cómo pararlo? ¿Cómo dejar de sostener? Empezar a sostenerme. Empezar a limitar.
Aunque la culpa custodie el límite y me sentencie: si decís que no, estás abandonando; si te priorizás, estás siendo egoísta; si podés ayudar y decidís no hacerlo, estás siendo mala.
Le temo a la pérdida, al duelo. Le temo a que elegir no cargar con todo diga algo sobre mí misma.
No entiendo cómo me siento, qué siento.
En el laberinto de las emociones, rondan voces que interfieren. Que dicen: Estás exagerando. No es para tanto. Te necesita. Podrías hacer un poco más. Tenés derecho a cansarte. Pero es amor. Entonces, ¿por qué te pesa? ¿Qué te pesa?
Es un ciclo interminable de afirmaciones, negaciones, preguntas y respuestas que suceden, que se cruzan.
¿Hasta dónde debe ir el amor? ¿Dónde termino yo y dónde empieza el otro? No sé amar de otra manera. ¿Por qué aprendí que amar mucho era borrarme a mí misma? ¿Cuánto de este lugar me fue dado y cuánto fui ocupando yo? ¿Cuánto sostengo por amor y cuánto porque siento que debo hacerlo?
No puedo preguntarme esto.
Vuelvo a empezar.